8 ene 2014

El ingreso de una persona en prisión supone su aislamiento afectivo y social, conlleva la pérdida de sus roles sexuales, familiares, sociales y produce un deterioro de su propia identidad y de su autoestima.

Su comportamiento es supervisado continuamente por los funcionarios de la prisión y corregido dominantemente por un sistema de normas formales que le exigen una subordinación que llega a lo servil y que invaden su intimidad. 

Como consecuencia se desarrolla un código de normas y valores en contra de las normas y fines oficialmente declarados por la institución.


Como institución penitenciaria es una estructura poderosa frente a la cual, el recluso se vivencia así mismo como débil, para mantener unos mínimos niveles de autoestima, se va obligado a autoafirmarse frente a ese medio enemigo.

Según las características de la prisión, frecuentemente adoptará una autoafirmación agresiva, desarrollando una fuerte hostilidad hacia todo lo que tenga alguna vinculación con la institución.

En la prisión se está siempre en peligro, lo que desarrolla en el preso un estado de permanente ansiedad, que va a derivar hacia la manifestación de la ansiedad como una consistencia comportamental que se generalizará en todo tipo de situaciones y que le conduce a vivir aún con más estrés las permanentes tensiones de la vida en la cárcel.

Mediante el siguiente vídeo les damos a conocer como es la vida en el Centro de Retención de Chóferes.


No hay comentarios:

Publicar un comentario